El marinero suicida

Un compañeiro de Ourense debuta nesta sección co seguinte relato:

Hombre de pocas costumbres y amante de la vida social en soledad, Xocas el «marino», vivía en un ático de 40 metros sin apenas puertas. El baño como refugio era la única de las estancias con puerta y cerrojo. La cama tenía sobre un canapé de muelles delatores un colchón moldeado por los cientos de inquilinos anteriores. Las dos únicas ventanas arrebatadas al techo iluminaban con cierta facilidad un ático carente de encanto. La diminuta cocina contaminaba del olor a fritura cada rincón.

Xoan era un hombre pasado de años sin llegar a viejo que estaba jubilado de la mar por sus problemas lumbares. Sus hernias discales rompían su tranquilidad con facilidad provocándole cierta desesperación. Era moreno de piel y de pelo canoso y rizado, cara ruda y de pocos amigos y corpulencia destacable.

Sus largas travesías en altamar se grabaron en unos rasgos a hombre de la mar inconfundibles y en unas manos gruesas repletas de callos. Andaba con alguna dificultad y su nariz era gruesa con una cicatriz fruto de un despiste. Lucía un gorro de lana y jersey de cuello alto, pantalón de pana y botas altas. Apasionado del mar y los barcos solía frecuentar los muelles saturados de embarcaciones de pesca.

El continuo ir y venir de los navíos, los grandes buques o los pequeños botes de pesca le transportaban a su interior en un bello viaje de ensueño que nunca más se produciría.

Xoan era natural de Cangas (Pontevedra), nacido en 1971 en el mes de Julio, leo de horóscopo y con un marcado Ego y sentido del trabajo.

Desde su infancia vivió a los pies de una ría de Vigo generosa en paisajes y buenos frutos del mar.

Desde el muelle de pasaje de Cangas y en días de cielo raso y soleado disfrutaba con las vistas del mar y la gran ciudad de Vigo que a modo de postal natural le brindaban las vistas.

Creció bajo el techo del puente de un pesquero y con el sonajero del ronroneo de un motor de barco quejaroso de tantas leguas recorridas. El timón su consola y las redes su modo de vida.

Empeñado en vivir en soledad tras la pérdida de su joven  y amada  esposa Isolina en un accidente de tráfico del que se sentía brazo ejecutor por culpa del alcohol y con la que estaba profundamente unido. Renunciaba continuamente a besar otros labios y disfrutar otro cuerpo.

Isolina era una joven peculiar del norte de pelo rizado y castaño,  ojos grandes y oscuros. Sus rasgos galaicos le daban un encanto propio de la zona. Tenía un cuerpo con carnes pero mucho atractivo. Era reservada, pero muy afable y cariñosa con los suyos.

La conciencia de Xoan le atormentaba constantemente  a modo de sentencia a culpabilidad por no controlar un hábito (el del alcohol) que creía haber destruido por completo su vida y la de su amada Isolina.

Su vida social se ceñía a largas caminatas por el paseo marítimo con su pipa negra de madera desprendiendo un aroma a tabaco picado inigualable y frecuentes quedadas en el bar situado en las proximidades del puerto náutico donde debatían con un chupito de licor y las cartas sobre la mesa problemas de estado y el desarrollo mundial, ¡casi nada!

Los días eran livianos y asumibles en el plano psicológico. El contacto con las personas, el recuerdo a la mar, alguna que otra distracción o simplemente la paz de la jubilación le daban una falsa sensación de felicidad, pero….la noche era otro mundo, otra historia y una pesadilla. El sueño era imposible de conciliarlo ni con orfidales, ni tranquimazines, ni ningún somnífero creado por la humanidad. Cerraba sus ya agotados ojos y revivía constantemente aquel previsible accidente y el cuerpo de su querida en el interior de un habitáculo convertido en acero retorcido. Sus ojos abiertos y observándole fijamente, su boca entreabierta buscando el aliento que le devolviese a la vida, su piel amarillenta sin sangre en las venas y un cuerpo helado e inerte que carecía ya de vitalidad.

Juró y perjuró que nunca más se volvería a enamorar y que su amada Isolina sería insustituible y su único amor.

Sobre las 03:00 a.m rindió su cuerpo, alma y mente y se sumergió en un profundo sueño fruto del agotamiento.

Era verano y paseaba Xoan por el paseo marítimo observando peces de gran tamaño que nadaban en formación en la superficie de un mar verdoso y cristalino.

Mientras miraba fijamente los peces y su cara arrugada sobre la superficie cristalina, se fijó con cierta inquietud que la figura de una persona se reflejaba a su lado. Descolocado ante aquel hecho se giró súbitamente para ver de quién se trataba…nada, no había nadie. Volvió a mirar incrédulo la superficie de mar y allí estaba aquella figura. Xoan sacó de su bolsillo las gruesas gafas aumento y….allí estaba, era ella Isolina reflejada en un mar en calma y de un verde turquesa.

Los ojos de Xoan se convirtieron en dos luceros y su boca incrédula y temblorosa no atinaba a decir nada.

Mientras miraba estupefacto Xoan a la figura de su amada fallecida su voz le susurró en el oído…»te quiero Xoan, descansa tranquilo que te espero en las noches de soledad para velar por tus sueños. No te mortifiques más y duerme en paz y amor» e instantáneamente su un imagen se esfumó del agua de mar.

Xoan sobrepasado y con paso firme y acelerado se dirigió a la pequeña ermita del paseo marítimo y se postró de rodillas ante el altar con lágrimas en los ojos.

Con una imagen de Jesús crucificado como testigo rogó al todopoderoso.

El párroco conocedor de su drama personal por los chismorreos de los feligreses en los domingos de misa, acudió a su encuentro mientras aún se encontraba arrodillado.

Querido hermano ¿te puedo servir de ayuda en algo? Preguntó el cura con voz reparadora. Padre, no es posible, hoy mirando al mar creí ver la imagen de mi amada fallecida en accidente y escuchar su voz en una especie de susurro. El párroco sobrecogido y con semblante de poca credibilidad sólo alcanzó a decirle que rezase tres padre nuestros y cuatro avemarías y que el Señor había acogido en su seno a Isolina viviendo en un bello recuerdo en su mente y que sus palabras de aliento debía tomarlas como una señal divina de existencia del más allá. Con un «Dios te bendiga hijo mío «y un «puedes ir en paz» y  después de  bendecirlo, zanjó aquel joven párroco con la experiencia sobrenatural vivida por el amante marinero.

Xoan todavía sobrecogido y altamente emocionado se dirigió a la cantina a buscar entre los «suyos» cierto alivio y explicación.  apoyó su codo sobre la barra mientras pedía un whisky doble y sin hielo. Su amigo Xocas al ver la cara pálida y el gesto tembloroso de su amigo preguntó… ¿Algún problema?, Tienes mala cara, ¿te pasa algo? Xoan amagó con la boca y las manos temblorosas y fue incapaz de soltar una sola palabra.

De un trago se tomó el whisky y pidió otro más, tras ese llegaron otros tres más y su cuerpo vacilante se dirigió al ático, su estado de embriaguez unido a sus años, sus achaques y su estado mental, convertían aquel ser en una bomba andante.

Mientras se dirigía hacia el domicilio su corazón palpitaba alocadamente recordando aquella escena, mientras su mente rosmaba en busca de una explicación o la posibilidad de volver a verla. Entonces cambió de dirección con brusquedad mientras las farolas iluminaban un paseo marítimo ya oscurecido. La luna llena se reflejaba sobre la mar.

Mientras Xoan se aproximaba zigzagueante y con claros signos de embriaguez unos jóvenes (litrona en mano) se mofaban de su aspecto y le insultaban gravemente. Xoan consiguió alcanzar andando con torpeza el lugar donde se había aparecido su amada. Su cara descompuesta por el alcohol se reflejó sobre la luna llena que flotaba sobre el oscurecido y calmado mar dónde tras unos instantes surgió la imagen de Isolina, su sonrisa se complementaba con el color brillante de una luna generosa en tamaño. «Te quiero Xoan, eres un hombre maravilloso, no te martirices por el accidente, la vida nos da una segunda oportunidad, aprovéchala». Las lágrimas brotaron por sus ojos alcoholizados y su cabeza colapsó en una mezcla de rabia, resentimiento y desesperación y en ese preciso instante y sin saber cómo ni porqué se arrojó al mar ante el estupor de los presentes. Xoan que era hombre de mar, pero no sabía nadar se hundía al fondo del mar sin intentos ni deseos por salir a flote y vivir.

Ipso facto  Xoan abrió los ojos y se vio en el Interior de su antiguo automóvil mientras escuchaba la voz de Isolina a modo de reproche «cuidado vas por carril contrario, ¡¡un coche!!»

Xoan giro con suavidad el volante y esquivó un golpe frontal que en sueños había sido mortal… ¡¡no estaba bebido!! Paró en el arcén el auto e Isolina le pregunto, ¿por qué detienes la marcha? ¿Te asustaste? Y Xoan con voz de alivio le dijo, «es para que nunca te olvides de lo mucho que te amo». 

Óscar Castillo Fernández

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